lunes, 1 de octubre de 2007

APOYO EN MOMENTOS DE PRUEBA

APOYO EN MOMENTOS DE PRUEBA



He oído tu oración, he visto tus lágrimas. Son preciosas a mis ojos. Aunque te parezca que esta temporada es una de las más infelices que has vivido, para mí es una época muy valiosa. Te siento más cerca de mi corazón que nunca. Al tomarte en mis manos y percibir la belleza de tus

lágrimas, de las oraciones que elevas a mí, de tu entrega y de tu humildad, que se manifiesta cuando te pones a mis pies y dices: "Nada traigo en las manos; sólo a tu cruz me aferro", al ver esto, me lleno de amor por ti. Te acerco a mi corazón y te consuelo.

Mas debes aceptar mi consuelo. Debes tener fe para aceptar y tomar lo que te ofrezco. No es nada que puedas merecer o esforzarte por conseguir. Deseo dártelo gratuitamente, porque te amo.

Debes decidirte por aceptar mi paz y consuelo. Esta situación, que a ti te parece interminable, en realidad es momentánea de cara a la eternidad. Por tu fe recibirás un generoso galardón.



No temas que se te parta el alma. No temas el llanto, porque por la noche durará el lloro, pero luego habrá alegría y el resplandor del sol se reabrirá camino en tu vida. El pesar que te


embarga se disipará por completo, y te daré un nuevo comenzar.

Conforme avances por la senda de mi perfecta voluntad, irás de poder en poder. Notarás mi bendición sobre ti. Hallarás gran gozo, satisfacción y amor. Descubrirás nuevos alicientes e inspiración.

En el futuro verás las cosas a las que te aferrabas -y que ahora estás dispuesto a renunciar- como cargas que echaron alas. Con la ayuda de los vientos de mi Espíritu te remontarás más alto de lo que creías posible y gozarás de mayor libertad de la que hubieses podido concebir.



Cuando a tu alrededor se desaten tempestades, y los vientos de la aflicción, de la adversidad y de las dificultades te zarandeen y te arrastren de un lado a otro, ven un rato a mis aposentos y permanece ahí hasta que hayan pasado esas



calamidades. Acércate a mis cálidos brazos. Reposa la cabeza en mi hombro; ya verás que cuidaré bien de ti. Te acariciaré la frente y haré que se disipen las montañas de dificultades.

El refugio que te he prometido no es otro que el alivio que brinda mi amor, el consuelo de mis brazos, la paz que fluye de mi corazón hacia el tuyo, que te colma y te envuelve, que transporta tu espíritu a la esfera celestial donde lo verás todo con otros ojos.

En esos momentos de quietud, cuando disfrutamos de íntima comunión, puedo hacer que veas las cosas de otro modo. Puedo infundirte nuevas ideas, nuevos pensamientos. Si entras al aposento de mi refugio, verás todo lo que puedo hacer por ti.

( GRACIELA BAQUERIZO ).

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